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jueves, 6 de febrero de 2014

El Salario de un Residente de Medicina

Se trata de un tema peliagudo el del salario de los residentes de medicina en nuestro país, aunque en los tiempos que corren, hablar de sueldos resulta complicado en cualquier ámbito. Simplemente, quiero dar unos cuantos datos sobre este tema, con el único objetivo de darlos a conocer a aquellas personas que los ignoren.  Ayer tuve el placer de pasar el mediodía con dos grandes amigos y uno de los temas que surgieron fue éste. Reflexionando sobre el sueldo de los empleados de un local de comida rápida, nos surgió la duda de si éste distaba mucho del de un residente de medicina. No pretendo desprestigiar, ni mucho menos, ningún tipo de empleo, pero no puedo ocultar que me resulta curioso cómo en este país un empleado de un 'fast-food' o un/a cajero/a de supermercado pueda llegar a cobrar más que un residente de medicina. 

Lo primero que me gustaría dejar claro, es que tengo la sensación de que popularmente existe cierto desprestigio hacia el trabajo de un médico interno residente, un desprestigio nacido de la propia ignorancia hacia las tareas que desempeña éste colectivo en muchos hospitales y centros de salud. Con mi corta experiencia en el mundo sanitario, si hay algo que me ha quedado claro, es que muchos hospitales (incluso de gran fama) subsisten gracias a los residentes. No discuto que funcionen mejor o peor, dado que el correcto funcionamiento del sistema sanitario es otro debate y un tema distinto a analizar, que en cualquier caso está claro que no depende directamente de los residentes.  Me refiero a que la faena que recae sobre un gran número de médicos residentes es desproporcionada, tanto para el salario que recibe como para su propia capacidad humana.  No se trata de que intente dar una imagen de explotación laboral (que en ciertos casos si que la he contemplado como tal), simplemente quiero dejar claro que los médicos internos residentes no son estudiantes que van anotando en su libreta las enseñanzas de un médico docente (esos somos los estudiantes de medicina en el mejor de los casos), sino que se trata de auténticos profesionales, que de la noche a la mañana, han de adquirir nuevas competencias para lidiar con un volumen de trabajo con el que jamás se habían encontrado durante su vida universitaria. 

He visto en más de una ocasión residentes que empiezan su jornada laboral a las 8.00 de la mañana, empalman con una guardia, y se presentan al pase de visitas de la jornada siguiente, sin a penas haber dormido, pasando mucho más de 24 horas en el hospital. No se que tipo de argumentos pueden justificar estos casos, y claro está que existirán los contrarios (aunque muy pocos he visto), pero creo que a una persona cuyo deber es responder con la mayor precisión ante cualquier eventualidad, y en cualquier caso, tener la capacidad de pensar y meditar las mejores opciones para desempeñar una adecuada actuación médica, no se la puede cargar con tantas responsabilidades y horas de trabajo, acaba resultando contraproducente. 

A todo esto, se le ha de sumar la recompensa, que parece evidente que debe ser más personal que económica, porque el salario de un residente de primer año, en el mejor de los casos puede superar levemente los 1000 euros mensuales, y bajando.  Todo dependerá de la situación económica personal, del lugar de residencia, y de muchas otras variables, pero creo que tomando conciencia del volumen de trabajo, la responsabilidad y el largo camino que se debe recorrer para conseguir una plaza de residencia, se trata de una mensualidad muy baja.  Existe la posibilidad de incrementarla, a base de un mayor número de horas de trabajo (las guardias), que son las que llevan a la situación comentada anteriormente de saturación total del empleado. Pero tampoco nos creamos que las guardias son la panacea, ya que se remuneran a una media de unos 10-11 euros/hora. Y ante esta situación, la solución es tijeretazo y limitar la cantidad de guardias mensuales que puede hacer un residente, porque cómo todos podemos ver, el problema es precisamente ese (ironía fina). Es un 'modus operandi' bastante recurrente hoy en día, ante una situación límite en la que los afectados toman soluciones límite, el gobierno decide coartar dichas soluciones a modo de 'esto es así, y te jodes'. Los problemas en este país no interesa extirparlos de raíz, tenemos un árbol podrido y nos dedicamos a ir cortándole ramas, en lugar de coger la sierra, mandarlo al carajo y plantar uno nuevo. Mientras eso no cambie, los perjudicados siempre serán los ciudadanos (trabajadores en este caso).


Así que, como he comentado, si no estás seguro de pasar por el aro, primero estudiando el MIR, después siendo residente, y por último, después 4-5 años currando como nunca, con la posibilidad de que no tengas plaza en ningún hospital (porque estamos muy mal), no te subas al carro de la medicina, y dedícate a otra cosa. De hecho, se comenta que en Mercadona, los sueldos son mas dignos, así que ante cualquier duda, ni te lo pienses. 




lunes, 3 de febrero de 2014

Un MIR más, un MIR menos

Dedico mi primer post al MIR, porque irremediablemente el camino me lleva hacia a él y cada vez lo visualizo como algo más real, más próximo y, lamentablemente, más tenebroso. Ayer sábado se examinaron los futuros médicos del país (aunque esta afirmación resulta ciertamente inexacta) del examen MIR 2014, con el que intentarán optar a una plaza no digna, y en la mayor parte de casos no del todo deseada, con la que ser explotados los próximos 3, 4 o 5 años de su vida, y ese sería el mejor de los escenarios, puesto que un gran número de los examinados no lograrán plaza alguna, y deberán sacrificar de nuevo una buena parte del presente año en volver a rodearse de libros, manuales y horas tiradas a la basura del tiempo, a no ser que se rindan definitivamente.

 En cualquier caso, dejando de un lado el DRAMA que inevitablemente aromatiza cualquier tema en este país, ayer noche pude ver por las calles de barcelona a algunos de esos luchadores, concediendose su primer respiro en mucho tiempo.  Me resultó muy gracioso, parecían felices (un estado que se me asemeja a recuperarse definitivamente después de una larga enfermedad) pero al mismo tiempo sus miradas no lograban desprenderse del cansancio mental y físico al que habían sido sometidos los últimos meses. Algunos de ellos, disfrazados con su fieles compañeras de prácticas durante los seis largos años de carrera, consumían sus primeros cubatas de la noche, los primeros de muchos hasta la asignación de plazas, pero parecían perdidos, extraños, nostálgicos de fiesta y sedientos de alcohol, pero demasiado abatidos para sacarle todo el jugo a su primera noche de libertad.

Esta mañana, cuando he llegado a casa, me he tumbado en la cama, y como suele sucederme después de una buena noche de fiesta, estaba cansado pero sin mucho sueño, y me he dedicado a mirar durante unos minutos las distintas redes sociales a las que estoy suscrito.  En Facebook, no se muy bien porqué razón, me añadieron a un grupo de dudas de estudiantes MIR de una de sus conocidas academias, donde los últimos meses distintos estudiantes han planteado cientos de ellas. Cerca de las ocho a.m., ya habían varios comentarios de estudiantes agobiados, preocupados y desesperados, en busca de respuestas sobre el examen. Me ha parecido curioso, y lejos de generalizar, puesto que estoy comentando un hecho puntual, me ha llevado a reflexionar sobre toda la presión a la que se somete a los estudiantes MIR y como ésta es capaz de desquiciar la vida de algunos de ellos.



 No todos somos capaces de convivir con un nivel de exigencia y de presión tan elevado como el de este largo periodo de estudio, y sinceramente creo que hay ciertas personas que ante una situación como la del MIR, tienen un riesgo elevado de desequilibrarse mentalmente y convertirse en seres atrapados en una espiral de ansiedad y autodestrucción que lógicamente no lleva a nada bueno. En algunas temporadas de exámenes de la carrera, como la que justo acabo de dejar atrás, me he sentido exhausto, cansado y agobiado, hasta el punto de que mi rendimiento descienda a niveles mínimos los últimos días de estudio. Estos periodos no son comparables, ni en tiempo ni en temario, a la exigencia de un examen MIR, por lo que me hacen dudar seriamente de mi capacidad para plantarle cara al famoso examen, sin renunciar a mi cordura por el camino. Me da miedo, me aterroriza esta etapa de la vida de un estudiante de medicina. No logro comprender cómo la gente puede ser capaz de renunciar a tantas cosas, sabiendo que en muchas ocasiones no logrará una gran recompensa. Tengo la esperanza, siempre la he tenido, de que como en todo, existan casos muy distintos, formas diferentes de llevar esta situación, sin estrés y sin agobio,o al menos sin la necesidad de convertirse en una ermitaño y renunciar a tu juventud y tu vida social durante tantos meses, hasta el punto de que cuando la recuperas estés más perdido que la salida a la crisis. Espero que la creencia popular sea una falacia, que se sustente simplemente  en los casos más llamativos, aquellos que en cualquier ámbito son los que sirven de alimento a la demagogia. Un MIR más, un año mas de estudiantes que intentan ser médicos en un sistema carcomido en sus cimientos y en el que hacerse un hueco tiene un precio muy alto, pero un MIR menos para que yo compruebe en primera persona cómo es realmente esta etapa.